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Coordinadora Popular llama a respaldar protestas en comunidades del Cibao el lunes 1ero de diciembre.
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El Poder embelesa, pero tampoco así
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CUDEM rinde homenaje a Minerva, María Teresa y Patria Mirabal
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República Dominicana condena la agresión a Sociedad Civil en Guyana
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La Cósmica del profesor Osvaldo García de la Concha
Cada día que pasa, la violencia ejercida por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos se vuelve más intensa y generalizada.
En República Dominicana, más del 39 % de los hogares están encabezados por mujeres. Esta cifra no es solo un dato frío: representa a miles de madres que, cada día, sostienen con su esfuerzo, cuidado y sacrificio la estructura emocional, económica y social de sus familias, muchas veces sin redes de apoyo y en un contexto cargado de estigmas.
Los documentos desclasificados y los estudios más serios que se han desarrollado sobre América Latina para abordar el período de la guerra fría han puesto de relieve el papel de la Agencia Central de Inteligencia en la persecución sistemática de líderes y organizaciones revolucionarias.
Saltos mortales, hombres por los aires, trompadas y sillazos auguraba para medio Santiago la Asamblea Ordinaria del CDES. Nada pasó. Para que el morbo saciara la sed emergió un conato prematuro con sonoridad escasa, silenciado en el acto.
Una campaña de terror orquestada desde dentro de la Casa Blanca y perpetrada por agentes federales armados y enmascarados se está extendiendo por todo Estados Unidos.
En República Dominicana, las cifras son claras: las mujeres representan cerca del 70% de la matrícula universitaria. Sin embargo, este notable avance en la educación no se ha traducido, como muchos esperarían, en una mayor participación económica, mejores salarios ni liderazgo empresarial femenino.
Las mesas y las sillas del comedor estaban completamente vacías. Salvo una, ocupada por José Benito, compañero de viaje. Un señor espigado, de sonrisa suave, hizo su entrada repentina. —Buenos días— dijo. La energía del saludo vislumbraba una conversación agradable e interesante.
En estos momentos estamos viviendo tiempos dramáticos con guerras de gran letalidad en Ucrania, en Congo, terribles en la Franja de Gaza con un genocidio a cielo abierto, ante la indiferencia de aquellas naciones que nos legaron los derechos del humanos, la idea de democracia y el ser humano como fin y nunca como medio.
Ahora que se abre la posibilidad de una reforma modernizadora del instrumental jurídico que sostiene la gestión migratoria, la Ley General de Migración 285-04, reitero una vez más las ideas que a este respecto he venido sosteniendo desde hace muchos años.
Agobiado en el trajinar de la ciudad de Santo Domingo, en uno de esos días que desafiamos a la muerte al tomar un volante en esta fauna del asfalto que es esta urbe, ante un cuasi incidente de tránsito, que solo quedó en palabras, uno de los conductores, bañado de ignorancia, le enrostraba al otro chofer su imprudencia, vociferándole la frase “tenía que ser un negro”.
La suerte está echada. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha movilizado a las Fuerzas Armadas del país para reprimir las manifestaciones que están teniendo lugar en diferentes ciudades, reforzando de esta manera su camino hacia el autoritarismo.
En 1967, en un artículo ampliamente divulgado “Las Raíces Históricas de Nuestra Crisis Ecológica”, el historiador Lynn White Jr. acusó al judeocristianismo, debido a su antropocentrismo visceral, de ser el principal factor de la crisis que ahora se ha vuelto un clamor.
Creerse superior a los demás es una patología originada por el complejo de inferioridad. Esa agonía carcome la autoridad del líder. Los aires de la soberbia soplan los humos hacia la cabeza. Colmados de esas ínfulas, nada se escapa a su control.












