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Cultura y sociedad | Por Jonathan De Oleo Ramos/Docente e investigador cultural

En la comunidad de Yerba Buena, a pocos kilómetros de Hato Mayor, emerge cada febrero uno de los personajes más singulares del carnaval dominicano: Las Marimantas.

Cubiertos con hojas secas de plátano, ramas del monte y máscaras de cuero, estos personajes representan una tradición donde naturaleza, memoria histórica e identidad rural se entrelazan.

La comparsa está formada por niños, jóvenes y adultos que durante semanas elaboran sus trajes artesanales. Cada vestimenta puede requerir hasta 200 hojas de plátano, además de ramitas, púas de colores y el característico casco de comején, que se coloca sobre la cabeza como parte central de la máscara.

Todo se construye con materiales del entorno, lo que convierte a las Marimantas en una expresión de carnaval natural y sostenible, donde el monte se transforma en estética festiva.

Su origen está rodeado de relatos históricos y mitos locales. Investigaciones vinculan esta tradición con episodios de la época colonial, particularmente con la batalla de Sabana Dura, donde soldados usaron hojas secas para camuflarse en la espesa vegetación y confundir a sus enemigos.

Con el tiempo, aquella estrategia se transformó en personaje carnavalesco y símbolo cultural del territorio.

Durante los desfiles, las Marimantas recorren las calles con toques de atabales y cantos de salves, herencia musical afrodescendiente que refuerza el carácter comunitario y ritual de esta celebración.

El valor cultural de esta tradición fue reconocido en 2022, cuando el Congreso Nacional dominicano aprobó su declaratoria como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación, iniciativa presentada por el entonces senador de Hato Mayor Cristóbal Castillo.

Las Marimantas nos recuerdan que el carnaval puede ser naturaleza, memoria, comunidad y tradición donde el monte se vuelve máscara y la historia se transforma en celebración.

¿Cuántas tradiciones rurales dominicanas como esta aún esperan ser conocidas y protegidas por nuestras autoridades como parte de nuestro patrimonio vivo?