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Opinión | Por Riamny Méndez Féliz

En 2015, en Argentina, un derrame de cianuro y mercurio afectó a los ríos Potrerillos, Jáchal, Blanco, La Palca y Las Taguas, y al dique Cuesta del Viento, recuerda la agencia de noticias Tierra Viva, en un artículo publicado en septiembre de 2025. Otros graves daños ocasionados por la minería se han registrado en Colombia y Brasil

San Juan, toda la provincia, protestó en contra de un proyecto minero que, según voces expertas, como la del ambientalista Luis Carvajal, podría poner en peligro el agua de la presa de Sabaneta y de varios ríos fundamentales para la agricultura, el consumo humano y, por supuesto, para el ecoturismo, una de las actividades económicas que la provincia impulsa en estos momentos.

Carvajal explica que “el Valle de San Juan no es un espacio cualquiera. Se trata de una región clave para: la recarga hídrica de la Cordillera Central, el río San Juan y su conexión con el Yaque del Sur, infraestructuras estratégicas como las presas de Sabaneta y Sabana Yegua, y la producción agrícola que sostiene a decenas de miles de familias”.

¿Vale la pena poner en riesgo el Valle por la minería? Diferentes sectores de San Juan de la Maguana dijeron que no  y están en todo su derecho. La consulta social es fundamental para desarrollar, o no, proyectos de minería, una actividad que tradicionalmente ha causado grandes daños ambientales y sociales, especialmente en países de África, Asia y América Latina y El Caribe.

En 2015, en Argentina, un derrame de cianuro y mercurio afectó a los ríos Potrerillos, Jáchal, Blanco, La Palca y Las Taguas, y al dique Cuesta del Viento, recuerda la agencia de noticias Tierra Viva en un artículo publicado en septiembre de 2025. Otros graves daños ocasionados por la minería se han registrado en Colombia, donde la explotación del oro provoca deforestación y en Brasil , donde en 2019 murieron 60 personas y 300 desaparecieron tras la ruptura del dique de una presa de una empresa minera.

Estos países, que se encuentran en tierra continental, con ecosistemas que son, en general, más fuertes y resistentes que los dominicanos, todavía no se recuperan de los daños. ¿Cómo se recuperaría la República Dominicana de daños ambientales parecidos a estos? Con frecuencia olvidamos que somos parte de una isla afectada gravemente por el cambio climático, con estrés hídrico, deforestación y daños en las cuencas hidrográficas. ¿Es racional, ético y económicamente viable aceptar los riesgos que conlleva la minería?

En su artículo “San Juan no rechaza un proyecto: rechaza la transformación del valle en un distrito minero”, Carvajal también plantea: “El debate no puede centrarse en si un proyecto específico contamina o no. La pregunta correcta es si el Valle de San Juan puede o no convertirse en un distrito minero sin sacrificar su función estratégica para el país”.

El ministro de Medio Ambiente, Armando Paíno Henríquez, comenta que el país debe decidir si escoge o no la minería como una de sus actividades económicas fundamentales, según recoge el periódico El Día.  Es una pregunta que debemos responder de forma colectiva.

No todos los países americanos con mejor calidad de vida que la República Dominicana han apostado por la minería. Hasta ahora, Costa Rica la ha limitado significativamente, especialmente la explotación de oro a cielo abierto, y se ha centrado en el ecoturismo, la agricultura, los servicios y otras actividades. Aunque ahora se dan nuevos debates sobre la actividad minera en ese país.

Así que el argumento de que sin minería estamos condenados a la pobreza, como plantean ciertas personas con influencia mediática, no es válido. Al contrario, Pedernales, donde se explotó Bauxita hasta la década de 1980, se encuentra entre las provincias más pobres del Suroeste y de todo el país.  Sánchez Ramírez, ubicada en el Cibao, la región más próspera de la República Dominicana, no resalta por su bonanza entre las provincias del norte.

Tampoco es válido llamar hipócritas a quienes se oponen a la explotación del oro y utilizan equipos que contienen este y otros minerales. Algunos investigadores plantean que ya hay suficiente oro en circulación para atender necesidades tecnológicas y financieras. La codicia suele estar más presente que la necesidad en muchas explotaciones mineras.

No se preocupen, el sistema financiero no colapsará si no se explota el oro de San Juan. Tampoco se necesita del sacrificio de los sanjuaneros para que los minerales que se usan en equipos médicos sigan en el mercado.

Y sí, el agua vale más que el oro. El debate que se da ahora en San Juan de la Maguana puede llevarnos a la conclusión de que a veces la respuesta más positiva es: ¡NO!

 

*Canoa Púrpura es la columna de Libertarias, espacio sobre mujeres, derechos, feminismos y nuevas masculinidades que se transmite en La República Radio, por La Nota.