La base fundamental de la vida en democracia es la participación, donde la expresión del voto universal es la garantía del proceso y es a través de este mecanismo que se reviste a las autoridades del marco de la legalidad y la legitimidad, base necesaria y fundamental para validar nuestra delegación del poder y nuestra representatividad.
Por eso, es preocupante los datos arrojados por las más recientes encuestas desarrolladas en el país por el grupo de comunicación de ACD Media y el Centro Económico del Cibao, donde ambas han dejado en evidencia el desinterés de la sociedad por los partidos políticos y revelando que más de un 50% de la población no tiene afiliación partidaria y no se identifica con ninguna de estas entidades, a esto se agrega que manifiestan no tener confianza en las principales organizaciones políticas del país.
Los partidos políticos en la vida democrática, son el instrumento a través del cual se llega al poder para administrar el Estado. Son organizaciones de interés público, cuyo objetivo es ejercer el poder político y, una de sus funciones principales, es la de promover el interés de la ciudadanía por las votaciones, manifestada a través del sufragio, así como, logar que la misma participe activamente en la vida democrática del país, pero, la realidad es que los mismos (partidos políticos) , lo que menos hacen con sus acciones es motivar la participación, pues, estas organizaciones en sus procesos internos rehúyen de la ejecución de primarias, y a través de subterfugios legales, que ellos mismos han validado, sustituyen la base de la democracia que es el voto universal, por la palabra mágica que todos han encontrado para secuestrarla, el “consenso”.
Con este término han sustituido la participación y prácticamente han establecido una monarquía en sus respectivas organizaciones, donde un grupúsculo mantiene secuestrado el poder partidario y, en cada proceso de renovación de los cuadros dirigenciales de sus respectivas organizaciones, los puestos son repartidos entre sus adeptos pertenecientes a la alta nobleza o en su defecto, son heredados por sus familiares, cual si fuere un patrimonio personal.
Estos hechos son vistos desde fuera por la población y lo que hacen es promover el desinterés por la participación en la democracia, dejando de percibir a los partidos políticos como entidades de interés público, visualizándolas más bien, como empresas privadas de intereses puramente comerciales, que promueven sus intereses económicos y sus agendas particulares en detrimento del interés colectivo de la nación.
Una muestra de el desdén y la desconfianza de la población en el sistema, quedo evidenciado en las últimas elecciones presidenciales desarrolladas en el año 2024 en el país; donde salió electo el actual presidente de la República, el Lic. Luis Abinader. A este torneo electoral fueron convocados a votar 8 millones 145 mil 548 personas, de los cuales sólo 5 millones 4 mil 351 acudieron a las urnas, lo que se traduce en una abstención del 38. %, es decir, se quedaron sin votar, 2 millones 745 mil 197 personas. Si vemos la votación del mandatario electo en ese momento, que fue de 2 millones 507 mil 297, que si bien está revestida de legalidad, pues adquirió más del 50% del sufragio de los votantes, carece la misma de legitimidad, pues solo voto por le mandatario el 30.78% de la población. Asi han sido las últimas autoridades locales y nacionales elegida en los últimos años. Hemos tenido autoridades legales, pero no autoridades legítimas.
Es muy bonito desde un pódium hablar de democracia, participación, voto, derechos, pero a la hora de llevarlo a la práctica, son los propios partidos políticos los primeros negadores de esos principios, pues cada vez que llegan los procesos eleccionarios internos. El resultado siempre es el mismo, los conflictos superan los procesos y las divisiones asechan a los mismos, pues la democracia solo existe para los discursos y solo es buena mientras se acate mi voluntad y no la voluntad de las mayorías.
Todos los partidos políticos del país huyen a las primarias en sus elecciones internas, le corren a la manifestación del voto universal de sus bases en las escogencias de sus autoridades y sustituyen la participación con tecnicismos legales acomodaticios creado y promovido por ellos mismos para controlar su incapacidad de gerenciar y de administrar sus procesos, todos acuden a “Convención de Delegados”, “Asamblea o Congreso General”, “Convención de Militantes o Dirigentes”, siempre con el propósito de menoscabar la participación de las bases en sus procesos y mantener el control del poder en la organizaciones partidarias.
Estos métodos si bien son legales, son antidemocráticos, contrarios a la base y fundamento de la democracia y son estas acciones la que han alejado a la población de los partidos políticos y han producido el desinterés por los mismos, pues con estas acciones han perdido credibilidad, respeto y confianza en la población, porque la democracia debe comenzar por casa.




