Mientras se apoya a Cuba, defendiendo su derecho a la autodeterminación, soberanía y con ayuda humanitaria, se debe reflexionar en las lecciones que deja su historia. A veces los mejores aliados son aquellos que, en un ejercicio de honestidad intelectual, hacen apasionadas y ardientes críticas y no quienes solo aplauden por pose, terquedad o arribismo
Este Caribe nuestro, siempre atrapado y entrampado entre los intereses de las grandes potencias y los errores y traiciones de los líderes políticos y económicos que son, a su vez, producto del colonialismo o el neocolonialismo, a veces incluso cuando parecen revolucionarios.
Cuba se encuentra en su peor crisis económica y social, agravada por el embargo petrolero de Estados Unidos. Donald Trump, como un nuevo emperador, habla de “tomar” el país caribeño, mientras la población sufre.
La respuesta a la crisis humanitaria, independientemente de las ideologías políticas, debe ser la solidaridad con un país que siempre ha sido solidario con los vecinos. En ese sentido, sí pueden, apoyen las colectas que se realizan para enviar insumos básicos a Cuba.
Y por dignidad, coherencia histórica y sentido de la propia seguridad y sobrevivencia, las dominicanas y los dominicanos no debemos apoyar intervenciones militares para “tomar” ningún país caribeño, ningún país del mundo, en realidad. Ya sabemos cómo terminan esas intervenciones, las heridas que dejan y que se llevan durante generaciones.
Pero tampoco tenemos derecho a hablar por los cubanos, a insultar a aquellos con opiniones que no coinciden con nuestra visión del mundo y de su mundo ni a caricaturizarlos como una sociedad monolítica o como un país donde solo hay revolucionarios y traidores. La realidad es siempre mucho más compleja.
Hace décadas que periodistas y activistas cubanos denuncian falta de libertad de expresión y represión. No hablamos del exilio histórico de Miami, sino de personas que viven en Cuba, que sufren los apagones, la escasez de alimentos y que no están de acuerdo con su sistema político. Tienen derecho a protestar, a quejarse y a decir qué quieren para su país en este momento histórico en el que no les sobran opciones.
Así como no es ético apoyar los intereses de Estados Unidos en contra de pequeños países a los que se les ha negado la posibilidad de escoger su destino, tampoco es intelectualmente honesto negar que en la actualidad los jóvenes cubanos viven en un sistema que no eligieron, sufren las consecuencias de decisiones económicas y políticas tomadas en las décadas de 1960 y 1970 por una generación que, por la lógica de la biología, va abandonando este mundo.
Como los jóvenes dominicanos, la gente juventud cubana tiene derecho a pensar en otras posibilidades, acorde con su época, con su tiempo. Tienen derecho a equivocarse y volver a empezar. Tratar de obligarlos a pensar como otros quieren o a fingir que están de acuerdo, solo provocará rechazo hacia las ideas progresistas y de izquierda.
Comprendo que los líderes históricos de la Revolución cubana tomaron decisiones en un contexto complejo, en plena Guerra Fría, y que, con todas las circunstancias en su contra, lograron hazañas que nuestro país, con su democracia liberal no alcanzó en áreas fundamentales como salud y educación. Estos logros (aunque ahora estén en riesgo) son innegables y fueron verificados por organismos internacionales independientes.
No obstante, los logros del pasado no deben usarse como factura o chantaje permanente en el presente. Reconocer los aciertos de líderes históricos no debe llevar a idealizarlos como semidioses inalcanzables que nunca se equivocan ni deben rendir cuentas. Si no acepto tal sinsentido en mi propio país, no le pediré a los cubanos y a las cubanas que lo hagan.
Les invito a escuchar voces diversas de Cuba y su diáspora. En Tik Tok sigo a la cubana residente en Estados Unidos, Mónica Baró, y entre los medios que cuentan la realidad cubana a 14 y medio, a pesar de que no comparto muchas de sus posiciones.
Si bien comprendo la presión a la que está sometido el país, lo que influye en que sea una sociedad en tensión permanente ante las amenazas de un gigante, coartar la libertad de expresión nunca debe ser aplaudido. La detención de periodistas e influencers por hacer periodismo o podcasts críticos merece todo rechazo. Kamil Zayas y Ernesto R. Medina, jóvenes creadores de “El Cuartico” deben ser liberados ya. La irreverencia no debe ser delito.
A la vez, hay que reiterar que Cuba no se puede entender de forma aislada, a pesar de la particularidad de su circunstancia política. No todo es culpa de Estados Unidos, pero Estados Unidos sí ha impedido que Cuba fuera todo lo que hubiera podido ser, con aciertos, errores y rupturas.
Y esta influencia estadounidense y europea no solo dañó a Cuba, también está presente en Haití y entre nosotros. Haití lucha por sobrevivir a las bandas armadas hasta los dientes con rifles y artefactos de guerra que no se producen por estos lados. ¿Dónde se fabrican las armas que entran de contrabando en Haití? Principalmente en Estados Unidos, y el tráfico parece que nunca se detiene.
Cuando se comprende cómo los elementos externos, la opresión y el neocolonialismo influyen en los destinos del Caribe, en nuestras migraciones, desigualdades y destrucción del ambiente, como la contaminación que han documentado diversas instituciones en Vieques, Puerto Rico, se puede entender que nuestras realidades están conectadas. La mirada regional es fundamental para pensarnos y reflexionar sobre salidas políticas enfocadas en el respeto de nuestros derechos y nuestra dignidad.
Sin embargo, es un error de algunas de nuestras izquierdas justificar toda acción de sus dirigentes en aras de “no dar armas al enemigo” y de una falsa unidad. La falta de crítica y de diversidad en las ideas lleva, irremediablemente, a la corrupción de los proyectos, las instituciones y de los países. La simpatía, la solidaridad y las alianzas no deben acabar en complicidad ni en la justificación de los atropellos. Al final, esas burbujas estallan en cinismo, abandono y cambios radicales de ideas y de bandos. A lo mejor, esto explique, en parte, el fenómeno de izquierdistas radicales que hoy son ultraderechistas reaccionarios y antiderechos que odian a los migrantes, los ambientalistas y a las feministas.
Mientras se apoya a Cuba, defendiendo su derecho a la autodeterminación, soberanía y con ayuda humanitaria, se debe reflexionar en las lecciones que deja su historia. A veces los mejores aliados son aquellos que, en un ejercicio de honestidad intelectual, hacen apasionadas y ardientes críticas y no quienes solo aplauden por pose, terquedad, lealtad mal entendida o arribismo.
A nosotros nos toca ser solidarios y respetar a todos los cubanos que sufren al ver como su país se desmorona. Y recordemos que en el Caribe todos somos vulnerables, no alimentemos posiciones políticas que pueden ir mañana en nuestra contra. Apoyar el intervencionismo de Trump nunca será una opción ética por estos mares.
Canoa Púrpura es la Columna de Libertarias, espacio sobre mujeres, derechos, feminismos y Nuevas Masculinidades que se transmite en La República Radio, por La Nota.



