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Cultura y sociedad | Por Jonathan De Oleo Ramos/Docente e investigador cultural

En el imaginario del carnaval dominicano existe un personaje que mezcla susto, humor y crítica social: La Muerte en Yipe.

Vestida con un mameluco negro pintado con huesos blancos, máscara de calavera y capa oscura, esta figura recorre las calles como un esqueleto que juega a asustar al público mientras forma parte del espectáculo popular.

Tradicionalmente acompañaba a los diablos en el carnaval de Santo Domingo, convirtiéndose en uno de los personajes más antiguos y reconocibles de esta celebración.

Su nombre surge del “yipe” o jeep, vehículo en el que solía desplazarse durante los desfiles carnavalescos. Desde allí, levantando una guadaña o extendiendo los brazos, la muerte se vuelve una presencia teatral que mezcla dramatismo, humor y creatividad popular.

En la lógica carnavalesca, la muerte deja de ser únicamente símbolo de temor para convertirse en juego colectivo.

El carnaval invierte los significados: lo trágico se vuelve burla, lo solemne se vuelve fiesta y lo prohibido se vuelve expresión cultural. Por eso este personaje no solo asusta, también hace reír y reflexionar.

Con el tiempo, La Muerte en Yipe también ha servido como vehículo de denuncia social. En algunas recreaciones aparece con mensajes contra la violencia, la injusticia o problemas sociales, demostrando cómo el carnaval es también un espacio donde el pueblo habla, critica y expresa su memoria colectiva.

Así, esta figura se transforma en un emblema cultural: una metáfora viva de cómo el pueblo dominicano convierte el miedo en arte, identidad y creatividad popular.

¿Alguna vez viste a La Muerte en Yipe en un carnaval o te asustó cuando eras niño/a?