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Opinión | Por Riamny Méndez Féliz

Nada tan dominicano como mostrar con orgullo la bandera del país y, al mismo tiempo, recordar o reivindicar con cariño la tierra de la que migraron padres, abuelos o bisabuelos

Avanzan los discursos de la ultraderecha que promueven una sociedad distópica de mujeres encerradas en el hogar, sin voz ni voto. Ante esta tendencia, reforzada cada día en internet por una machosfera que niega los derechos de las mujeres y que aconseja a hombres jóvenes cómo manipularnos y violarnos, las atletas que participaron en los pasados Juegos Centroamericanos y del Caribe mostraron con su fuerza, poder, técnica y valentía que la esfera pública también nos pertenece.

 Las deportistas dominicanas, en competencias individuales, equipos femeninos y equipos mixtos (integrados por hombres y mujeres) ganaron 69 de las 150 medallas que obtuvo el país, de acuerdo con cálculos realizados a partir del medallero oficial. Para muestra, dos botones: la velocista Marileidy Paulino, con su talento y disciplina, nos dio, otra vez, oro, grandeza y gloria. Y la selección femenina de softbol nos regaló un bronce que vale oro. Colocó a la República Dominicana entre las competidoras importantes en esa disciplina.

 Nuestra selección femenina de softbol, reforzada con hijas de nuestra diáspora, nos dio otro regalo igual de valioso: mostró que la dominicanidad es un solo equipo, más allá de las fronteras y los acentos dispersos entre migraciones que vienen y van. Divina Checo, receptora del equipo, nació y creció en Estados Unidos. En cada entrevista, reiteraba a los periodistas tanto su orgullo por representar el país de su padre, como la importancia del trabajo de sus compañeras para lograr el éxito.

 La destacada participación de los equipos mixtos es otra lección importante para la machosfera latinoamericana y nacional, pero sobre todo para los hombres y mujeres de esta tierra. El respeto entre compañeros y compañeras, la lucha conjunta, el trato igualitario en el terreno de juego y la ayuda mutua en los equipos integrados por mujeres y hombres mostraron cómo todas las personas, sin distinción de sexo, podemos trabajar juntas para lograr grandes metas, sin estrategias ocultas, sin manipulación.

 El machismo debe quedar guardado en el pasado al que pertenece. El presente y el futuro quedan representados en las dos medallas de oro que ganaron los equipos de relevo mixto 4x100 y relevo mixto 4x400 metros. También en las medallas de plata de nuestros equipos mixtos de remo y taekwondo, y en las preseas de bronce que ganaron para el país los hombres y las mujeres que trabajaron juntos en remo, judo, tenis de mesa y bádminton.

 Otra violación de derechos que debe quedar en el pasado: la discriminación a las personas con discapacidad. El oro del velocista Christopher Melenciano, como parte del relevo mixto 4×400 junto a Erick Sánchez, Anabel Medina y Marileidy Paulino nos muestra que las personas con discapacidad son parte del equipo, y como todos y todas, deben ser plenamente integradas. Melenciano, sus entrenadores, compañeras y compañeros nos mostraron el camino para integrar a las personas sordas al deporte de alto rendimiento. Quizás, en unos años ya no sea noticia que un atleta sordo gane. Entre tanto, felicidades por el oro y por la lección de disciplina, persistencia y ciudadanía.

 Odiadores y antiderechos

 A diferencia de la grandeza de nuestros atletas, que nos mostraron medallas, disciplina y caminos para construir derechos, hubo un grupo minúsculo de gente dedicado a promover el odio en las redes sociales y en los medios de comunicación. Gente que insultó tanto a las y los atletas dominicanos de ascendencia haitiana como a otros deportistas de piel negra que ganaron medallas.

 Los insultos alcanzaron a Luisito Pie, que no participó como atleta en estos juegos, pero ha ganado varias medallas para el país en taekowndo, en competiciones internacionales como los Juegos Panamericanos. Para responder a los ataques, Pie enfatizó su dominicanidad y reivindicó, a la vez, sus raíces. “Orgulloso de mis raíces, no las reniego ni las escondo: son parte de quien soy. Pero cuando hablen de mis logros deportivos, háganlo como lo que son: los logros de un atleta dominicano que dedicó su vida a defender con orgullo la bandera tricolor”, comentó el deportista.

 Nada tan dominicano como mostrar con orgullo la bandera del país y, al mismo tiempo, recordar o reivindicar con cariño la tierra de la que migraron padres, abuelos o bisabuelos. Los hermanos Robert, Paolo, Andrea y Francesca Pigozzi, de padre italiano y madre dominicana, ganaron 10 de las 12 medallas que obtuvo el país en esquí náutico, según la prensa nacional. En una entrevista, Robert enfatiza su dominicanidad y su pertenencia a la comunidad de Boca Chica, donde creció.

 Prejuicios, discusiones pendientes y diversidad

 Lamentablemente, también es parte de la cultura nacional el eurocentrismo que se coló en la inauguración de los Juegos. En un espectáculo que, en general, mostró la calidad y diversidad de nuestra música, un locutor dice: “África nos entregó su fuerza y su ritmo, Europa su lengua y sus saberes, y de aquel encuentro nació un pueblo nuevo (…)”.

 La herencia africana es degradada cuando un discurso la reduce a fuerza y a tambores, en oposición a la “sabiduría europea”. Sabiduría hay en todas las culturas. Con frecuencia, se reduce la herencia africana al folclor (en su peor versión) y se niegan o se ignoran otros aspectos de esa herencia como la lucha política de las personas esclavizadas que escaparon a los manieles, donde construyeron comunidades fuera de la colonia y resistieron por décadas. Lograr tal hazaña en medio de la esclavitud requirió de saberes políticos, económicos y de organización comunitaria, como documenta la historia. Conocer esta historia es tarea pendiente para gran parte del país.

 Sobre el mito del mestizaje pacífico y amoroso colado en el discurso de inauguración frente a pueblos con heridas del colonialismo, no hablaré en esta columna. Imagino que algún historiador o antropólogo se animará.

 Por otro lado, las contradicciones entre la grandiosidad de los juegos y el patriotismo que desbordan, y los problemas que enfrentan muchos de los atletas para tener una vida digna ya fueron señaladas por Liliam Fondeur en su columna “Cuando ganar no alcanza”. Les invito a leerla.

 Por ahora, quiero dejarles con la imagen de la delegación nacional, tan diversa como nosotras y nosotros. El día de la inauguración, las y los atletas entraron al escenario a ritmo de merengue. Los medallistas olímpicos Marileidy Paulino y Cristian Javier Pinales fueron los abanderados de nuestra delegación, en la que también desfilaron otros destacados atletas como la karateca estrella María Dimitrova y el jugador de taekwondo Bernardo Pie, quienes nos dieron medallas de oro en los pasados juegos. Toda la dominicanidad presente en una ceremonia realizada en el Estado Olímpico Félix Sánchez, un hijo de nuestra diáspora que, en 2004, ganó para el país la primera medalla de oro olímpica.

 Canoa Púrpura es la Columna de Libertarias, espacio sobre mujeres, derechos, feminismos y masculinidades que se transmite en La República Radio, por La Nota.