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| Opinión Haití: de cara al futuro Doctor Benito Antonio Cruz Peña El dolor, las lamentaciones, los llantos, se ha apoderado del hermano pueblo haitiano. El terremoto ha sepultado momentáneamente su alegría, pero no así su esperanza. Este pueblo se levantará desde su escombro. De esto no tengo la menor duda, pero esto no lo podrá hacer sin la ayuda y la colaboración de la comunidad internacional. En principio, esta ayuda deberá estar dirigida a dar respuestas a las necesidades más perentorias, tales como el hambre, la sed, la intemperie, la salud, la recuperación de victimas vivas y muertas, entre otras necesidades básicas que demandan y requieren de respuestas inmediatas. No se puede perder tiempo en estas gestiones de carácter humanitario. Pero ahí no debe quedarse la ayuda. Este país necesita de un proyecto de futuro, de un proyecto de nación, que no solo recupere sus estructuras físicas, sus instituciones, sino que empodere a su población para que pueda ser sujeto activo y no objeto pasivo de la transformación del país, de cara al futuro. La tragedia ha permitido visibilizar la extrema pobreza en que vive la inmensa mayoría de la población haitiana, así como la fragilidad de sus instituciones, tanto pública como privada. Pero lo peor sería que la ayuda se quede en la humanitaria, sin que se trabaje junto a los haitianos en un proyecto de nación, donde prevalezca la soberanía del pueblo haitiano. El pueblo haitiano es esencialmente trabajador y en sus hombres y mujeres debe descansar la principal manos de obras de su reconstrucción, generando de paso empleos, dinamizando de hecho la economía de ese empobrecido país. Pero para ello, necesita de la afluencia de grandes capitales para desarrollar un plan de construcción y reconstrucción de obras civiles (hospitales, escuelas, universidades, carreteras, puertos, aeropuertos, entre otras), pero que al mismo tiempo fortalezca sus instituciones. La tragedia, la catástrofe de los pueblos, generado por fenómenos naturales, no puede ser la nueva justificación (modalidad) para la violación de la soberanía de los pueblos. La llegada de militares, antes que ayuda de caracter humanitario, nunca se podrá justificar. En Haití se necesita alimentos y agua para saciar el hambre y la sed; frazadas, abrigos y techos para combatir la intemperie; médicos y medicinas para responder a las necesidades de salud; socorristas para remover escombros en busca de personas vivas o muertos, pero no militares y mucho menos con modernos y potentes armamentos. Allí hay una guerra, pero contra la desesperación de quien ha perdido todo. No hay tiempo que perder. Haití necesita de la ayuda de toda la comunidad internacional. Pero esta ayuda debe respetar la dignidad del pueblo haitiano. Esto tiene que implicar un proceso de respeto a su independencia y soberanía. La ayuda debe contribuir a empoderar el pueblo haitiano, de forma que se fortalezca el Estado, sus instituciones públicas, la sociedad civil, sus estructuras productivas. Hay que apostar para que esta tragedia se convierta en una gran oportunidad para el pueblo haitiano. Ellos sabrán transformar su dolor en una gran esperanza, en un gran proyecto de nación, pero para ello, necesitan contar con nuestra mano solidaria, ahora y de cara al futuro. Amen. |
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