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| Historia de vida Una flor imperdonablemente bella Graciela Azcárate/Especial para Espacinsular Sobre todo quería indagar y escribir sobre el papel estelar de los haitianos en el impulso y la ayuda que dieron a Simón Bolívar y a los patriotas sudamericanos para lograr la independencia de España. Tenía en carpeta gran cantidad de historias de vida de distintos personajes, de hombres y mujeres que había ido conociendo, leyendo y guardando para dar forma a esa Suite Caribeña que es para mí el telón de fondo de los treinta tres años que vivo en el Caribe. Acababa de escribir una historia de vida titulada Guárdame en tu corazón donde relataba como llegue a la isla La Española. Me quedé en la llegada a Santo Domingo y quedó en suspenso el destino final del viaje que fue Puerto Príncipe. En esos días de fin del 2009, mientras recopilaba materiales para mi proyecto del próximo año, grande fue mi alegría cuando buscando encontré en la red un poema de Juan Gelman sobre Toussaint Loverture que leí hace mas de 30 años en una edición bilingüe que me regalo y que le regalé a don Juan Bosch, su admirador devoto y al que había conocido en Casa de las Américas. Juntos, con don Juan leímos infinidad de veces ese poema que habla del haitiano más negro que se conoce, el más joven, el más adelante, el del dedo que apretaba los gatillos y fusilaba sombras. ¿Y no se ha pasado doscientos seis años fusilando sombras el digno pueblo haitiano? Sí, claro que sí. Feliz de haber encontrado ese poema perdido, recitando estrofas que los dibujaban en toda su gallardía, cuando cerré la computadora, pensé en la dignidad de ese pueblo, rememoré su entereza ante el infortunio, su orgullo, su capacidad de gatillar sombras. Bendije la maravillosa experiencia de haber vivido ese tiempo único entre ellos y de haber aprendido la larga sabiduría de decencia, don de gentes y solidaridad que de ellos emana. Vivimos, mi familia y yo nueve meses con ellos. He contado, narrado, pintado dibujado, escrito y grabado aquellos años de excepción. Después, he recuperado aquella vida corta en tiempo pero larga y rica en sentimientos y experiencia en muchísimas historias de vida que escribí en distintos medios en estos últimos ocho años. Cuando cerré la computadora, rota por casi un mes no sabía la catástrofe que los iba a golpear una vez más. Me dije que lo primero que iba a escribir al día siguiente en exclusiva para los chicos de espacinsular era precisamente de ese aniversario estelar de hace doscientos seis años. Después quedé incomunicada. Más tarde llego el terremoto y su estela de muerte y destrucción. Llego el largo ejercicio de cinismo de las autoridades de Estados Unidos, de Europa, de los organismos internacionales, todos cómplices de ese lento asedio y derribo con el que han pretendido quebrar al pueblo haitiano. Dos cosas quedaron claras al sol de ese colosal derrumbe: la solidaridad de todos los pueblos que respondieron unánimemente y la hipocresía de las nomenclaturas, las de ahora y las de hace doscientos seis años. Se ha escrito tanto, se ha denunciado una y mil veces lo que hace doscientos seis años ellos purgan, que no es otra cosa que el delito de la dignidad como escribió Eduardo Galeano. Ese Purgatorio que ellos padecen me recordó un texto escrito por Regis Debray con motivo de los 500 años de historia de Haití, desde la llegada de Colon a la isla, en esa nefasta fecha para América, que significa 1492. El texto se titula La mirada de los vencidos. Es un catalogo de una exposición de pintura naif de 1992 y es desde el titulo prejuiciado y euro céntrico. Entre las cosas que describe dice que la pintura ingenua de los haitianos narra fantasmas, iras, funerales, masacres, persecuciones y cataclismos. Es onírico y fantástico pero tiene un ensueño personal como punto de partida y llegada, que es la aventura nacional. La fantasía se transforma en un acto de resurrección, entre lo cívico y mágico, de lo imaginario colectivo. El escritor haitiano Metellus dice de sus compatriotas que “son magos de la lozanía”. El francés dice en el catalogo de hace casi veinte años: “Al crepúsculo sigue el amanecer, al pie del Gólgota se encuentra un jardín y, por encima de los fusiles, un angelote risueño. ¿Triste trópicos? Pues no. Estos desvalidos ignoran el miserabilismo y su rebelión conserva siempre una sonrisa de niños buenos. Como si nos narrasen una farsa”. En este 12 de enero de 2010, a doscientos seis años de aquel 4 de enero de 1804, ellos transforman el cataclismo en resurrección, son desvalidos que ignoran la miseria humana, lozanos en su desventura son los hijos del negro que gatillaba sombras. El más adelante. Renacerán. Dignos, a pesar de esa muerte a traición en el Joux…, a pesar de las muchas traiciones y muertes a las que históricamente los han condenado. En Haití, de la muerte de Toussaint Louverture, de los doscientos mil muertos en el terremoto, de los escombros de una ciudad en ruinas, de sus niños robados o mutilados, de sus hombres y mujeres lastimados y abandonados crece una flor roja. Si. Crece una flor imperdonablemente bella. Crece la flor de la dignidad. Toussaint Louverture Una flor crece donde estuvo preso y murió Toussaint Louverture por la abertura de esa muerte una flor crece en el castillo de Joux donde estuvo preso y murió el haitiano más negro que se conoce el más joven el más adelante que se conoce |
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